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Llegan las ciudades marinas

Cuando ya creíamos que lo habíamos visto todo en este planeta, los seres humanos, y sus continuos avances tecnológicos, nos vuelven a sorprender. Esta vez, la tecnología, nos trae arrecifes artificiales con niveles sumergidos habitables, viviendas que se adaptan a los cambios y adversidades ambientales del mar y centrales eléctricas con estaciones de carga de baterías flotantes, podrían ser piezas claves de las ciudades marinas que ya se diseñan para un futuro cercano.

Estamos ante un proyecto llamado “Currents for Currents”, elaborado en Filipinas y ganador del concurso internacional que cada año elabora la Fundación Jacques Rougerie para elegir a los proyectos arquitectónicos más innovadores desarrollados por jóvenes arquitectos, diseñadores, ingenieros y urbanistas. Dicho proyecto ha sido presentado desde Filipinas como una opción para las zonas más vulnerables a dos de las amenazas más graves del planeta, el aumento de la población y el calentamiento global. Surge como una solución para las zonas más pobres y vulnerables de nuestro planeta, que se enfrentan a problemas como la escasez de tierras, recursos y energías renovables, el aumento de la temperatura global y por tanto del nivel del mar, o la proliferación de mareas y tormentas marinas.

El epicentro de este ambicioso proyecto reside en unas estructuras poliédricas de cuatro plantas con aspecto de barcos veleros e interconectadas por encima y debajo del agua. Forman una especie de collar una gran flexibilidad lo que permitiría adaptarse a las cambiantes condiciones del mar y recuperarse de las adversidades climáticas. Las casas serían alimentadas mediante la energía eléctrica procedente del sol y las mareas, por lo que estaríamos ante una comunidad autosuficiente.

Son casas con una fachada blanca y otra semitransparente, elaboradas con un material llamado plástico moldeado que está presente en todo el planeta, por lo que esto permitiría construirlas en prácticamente cualquier sitio costero alrededor de todo el planeta. Estamos, sin duda, ante la gran revolución inmobiliaria del siglo XXI.